Educación gratis

No entiendo la vida. Cuando creo saber más o menos de qué va, todo gira, todo se convierte en otra cosa y después en otra y en otra.

Soy alguien hecho de recuerdos, alguien que con cada olvido, por cada memoria perdida, pierde un pequeño pedazo de si mismo.

A lo largo de mi vida he tenido muchos deseos y todavía más sueños, pero… Cada día que pasa los deseos se convierten en resignación y los sueños moribundos, lentamente mueren dejando un paisaje lleno de cadáveres y desolación.

De pequeño mis padres me enseñaron una montaña de montones de cosas, creo que más involuntarias que voluntarias. También a lo largo de mi infancia y adolescencia personas desconocidas me enseñaron más cosas aún, un par de ellas ya las sabía por mi familia, iba adelantado en ese tema, ¡tener que ser como debía ser!

Aparentemente cualquier lugar era bueno para educar a una persona como yo; el aprendizaje experiencial fue sublime, doloroso y solitario. Cuando tenía diez años iba en cuarto o por ahí en la escuela primaria, tuve mi primera lección grupal, un pequeño montón de niñas me persiguieron, me alcanzaron, me tiraron y finalmente se rieron burlándose con sus rodillas y pies sobre mí. Fue la primera vez de la que tengo memoria de sentir esa sacudida dura, contundente y seca del golpe de mi cabeza contra el concreto y el fuerte sabor a óxido que le acompaña siempre. El baño de mi escuela de música, segunda vez, las gradas de la secundaria, tercera vez, el maestro de español de segundo de secundaria, cuarta vez, el bachillerato público técnico, quinta y sexta vez, perdí la cuenta después.

Afortunadamente y gracias a tanta práctica al final pude defenderme y adaptarme, la segunda mitad del bachillerato fue completamente diferente, aprendí muy bien a fingir, era popular con las chicas y entre los chicos tenía mi grupito de amigos, jugábamos fútbol, carreras, peleas en las que me había vuelto particularmente bueno, e incluso formamos una banda de rock, me ahogaba en alcohol, vomitaba en la calle, me drogaba con marihuana, extasis y aire comprimido. Todo era como debía ser.

Lamentablemente no puedo narrar más, todo se volvió más confuso y complicado por el avance de un trastorno no diagnosticado.

Hoy estoy aquí, vivo y escribiendo, rodeado de personas que amo y sintiéndome amado. Me amo.

Autor: Roberto González Rivera

1 comentario en “Educación gratis

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