Carta

¿Cómo has estado? Quiero contarte cómo me he sentido estos últimos meses, tiene mucho que no platicamos en este modo profundo y melancólico. Eres de las únicas personas con quien puedo hablar sinceramente.

Cada día que pasa me siento mejor pero… No sé cómo explicarme, este último año he extraviado muchísimas palabras, la habilidad para ordenarlas y las ganas de escribirlas. Mas deseo contarte esto, me he sentido feliz y tranquilo, en paz; sin embargo te extraño, a veces me rio recordándote y tampoco entiendo lo otro que siento, o no tengo la capacidad de describirlo, siento como si estuviera en medio de la noche recostado a la orilla de un abismo negro, pesado y tan horrible que desquicia.

Recuerdo cuando iba manejando y tú ibas en el asiento de junto y entre las risas, el silencio  y el sonido de la carretera mezclado con la música te pregunté de la nada que si tú también sentías cuando pasabas junto a un trailer el deseo de volantear y meterte por debajo de él o ver un barranco y tener el deseo de girar francamente y caer hasta el fondo de este. Todavía recuerdo tu cara.

Supongo que lo que siento hoy se asemeja de alguna manera a eso. Me odio mucho ¿sabes? Odio cada maldito segundo que me veo en el espejo, en algún reflejo o en lo que proyecta mi sombra por la noche, me doy asco, coraje, soy la persona que más odio en el mundo, porque la culpa es de nadie, la culpa, toda ella, es mía. No sé ni siquiera qué o quién soy, menos ahora que nunca, antes al menos las voces en mi cabeza me mantenia distraído; me mantenian ocupado permitiendo que el tiempo pasara sin hacer algo al respecto y cuando por alguna razón la mierda se acumulara con un par de minutos de golpes a mi cabeza era suficiente, si bien no solucionaba el problema al menos redireccionaba el dolor.

Los años que he vivido los he pasado ocupado en cosas inútiles y supongo que también en cosas muy importantes. Mas ahora me siento como el rey de los estúpidos, chillando y rogando al cielo por volver en el tiempo, por pedir ayuda a un Dios en algo que aparentemente detesta y aborrece.

No sé si recuerdas que en algún que otro taller en una de las fantasías guiadas que aplicaba los transportaba de un pequeño cuarto en blanco con una puerta con chapa dorada a una bella pradera con pasto verde y luego a la arena de una hermosa playa con ocaso, y ahí, traía de vuelta a una versión infantil de ellos, les hacía platicar y decirle que estaban orgullosos de lo que se habían convertido, de no olvidar sus sueños, su esencia, y muchas más cosas que jamás sabré. Después de eso siempre terminaba agotado, con el estómago revuelto y náuseas, era horrible ver en lo que no me había convertido, ni siquiera me reconocía.

Soy un maldito farsante, un payaso, un loco que añora imposibles y vive dividido entre lo masculino y femenino. No sé qué soy ni sé dónde o cómo encajo ¿Por qué no es suficiente ser sólo una persona? ¿Por qué tenía que usar un maldito y asqueroso bigote? ¿Por qué no podía usar ropa linda y peinados bonitos? 😔 ¿Por qué nadie me preguntó jamás qué es lo que yo quería?

Me he detenido a leer lo que llevo en esta carta y te pido una disculpa por lo tedioso,  desprolijo y torpe que es de leer. Pensaba continuar y cerrar de una manera decente, pero simplemente no sé cómo, no encuentro palabras y de hallarlas  seguramente no sabría cómo usarlas. Gracias por leerme y disculpa por la pérdida de tiempo que ello significa.

Autor: Roberto González Rivera

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