Pasado Infinito

Hoy, desde esta distancia que nos separa, de kilómetros, de años y de vidas que tomaron caminos distintos, te escribo. No sé si alguna vez llegarás a leer estas palabras, ni siquiera sé si debería escribirlas, mas siento la necesidad de hacerlo. No sé, tal vez es sólo la nostalgia hablando, ese peso suave que se siente al mirar atrás, lo que pudo ser, y lo que nunca será.

Te extraño, aunque sé que no debería. No cómo alguien extraña a quien aún espera, sino más bien como se extrañan los días pasados, con todo lo que ellos contenían, los lindos días nublados, las películas vistas, los CDs escuchados, las sonrisas rosas y los sueños rotos que son fantasmas hoy. A veces, en las noches largas de silencio, pienso en tus manos, en cómo se movían cuando hablabas con pasión, en como temblaban al sostener un libro mucho tiempo,  en cómo buscaban las mías sin decir una palabra. Y aunque sé que el tiempo ha pasado, que hemos cambiado, no puedo evitar sentir ese vacío que quedó cuando todo terminó.

Recuerdo nuestros últimos días juntos, cómo nos fuimos alejando lentamente, como si el amor fuera un hilo que se desgastaba con cada palabra no dicha, con cada mirada evitada y cada una de las lágrimas tiradas que caían sobre un montón. No hubo un gran final, solo una serie de pequeñas despedidas que se acumularon hasta que ya no quedó nada, nadie, ni tú ni yo. Sin embargo, aquí estoy, escribiendo como si aún hubiera algo que decir, algo que entender.

A veces me pregunto si todo fue sólo un sueño, uno de esos que se tienen con los ojos abiertos, en los que uno cree ver el futuro tan claramente, pero que al despertar se da cuenta de que solo era una ilusión que jamás existió. Hay momentos, breves y callados, en los que me detengo y pienso en todo ello, en todo lo que fuiste para mí, en lo que significamos el uno para el otro. Y no puedo evitar sentirme así, no por regresar el tiempo, sino por saber que nunca podremos recuperar lo que se perdió.

No espero una respuesta, ni siquiera sé si deberías darme una. Quizás esta carta nunca debería haber sido escrita, quizás estas palabras no tienen ningún lugar en la vida de ninguno. Pero necesitaba decirlo, necesitaba dejar que estos pensamientos salieran, aunque sea aquí, para sentir que lo he dejado atrás, otra vez, una de tantas veces más.

Te extraño, sí, pero de una manera que ya no duele tanto, de una manera que se ha convertido en una parte de mí, como una cicatriz que te acompaña toda la vida, como prueba de que una vez, hace mucho tiempo, estuvimos.

Con todos mis recuerdos, Roberto González Rivera.

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