La Ironía del Austericidio Prolongado

Desde que México fue bendecido con el advenimiento de la autoproclamada Cuarta Transformación (4T), el país ha sido testigo de una especie de tremendismo nunca antes visto en su administración pública. En lugar de la tan esperada «transformación», parece que hemos entrado en una nueva era de parálisis burocrática, cortesía de una austeridad mal entendida y llevada al extremo. ¿La última jugada maestra? Claudia Sheinbaum, la heredera de esta filosofía, ahora impulsa una mayor reducción de personal en todas las empresas gubernamentales, con el noble objetivo de canalizar más recursos hacia aquellos votantes fieles y leales, quienes, por pura coincidencia, reciben generosas dádivas del Estado.

Austeridad Franciscana, Pero Sólo para Algunos
La 4T nació con una premisa moralizante: eliminar los privilegios de una élite burocrática y redistribuir esos recursos para el beneficio del pueblo. Esta narrativa, al menos en teoría, resultaba tentadora. Sin embargo, al observar los resultados prácticos, queda claro que la austeridad se convirtió en una política casi religiosa, transformada en un dogma donde «menos es más» aplica solo para algunos sectores. Los puestos de funcionarios clave se recortaron bajo el lema de la austeridad franciscana, lo cual, en realidad, significa austeridad para quienes sostienen el sistema, mientras la dirigencia política asegura sus posiciones en una estructura de poder que parece desafiar cualquier noción de eficiencia.

Con menos personal y mayores demandas, los trabajadores gubernamentales enfrentan una sobrecarga de tareas inhumana, llevando a una disminución en la calidad del servicio público. Es la paradoja del “austericidio”: una política de recortes que, en teoría, pretende fortalecer el aparato estatal, pero en la práctica lo ha debilitado hasta el punto de la inoperancia.

Sheinbaum y el Sueño de la Burocracia en Miniatura
Ahora, con Claudia Sheinbaum buscando consolidar el legado de austeridad y ampliarlo a niveles inéditos, el país está al borde de una reforma aún más draconiana. Su visión de reducir al mínimo la plantilla gubernamental, bajo el mismo pretexto de “ahorrar”, apunta hacia una administración todavía más delgada y, por lo tanto, todavía menos funcional. La ironía es evidente: mientras se nos promete un gobierno eficiente y delgado, los ciudadanos terminan por enfrentarse a interminables colas, trámites incompletos, y una atención que deja mucho que desear.

Con el nuevo plan de recortes de Sheinbaum, los pocos empleados que sobrevivan a la poda burocrática deberán asoumir no solo su carga laboral, sino también la de sus colegas desaparecidos. Para el usuario final —el pueblo mexicano—, el resultado será un sistema público que recuerda más a una broma pesada que a un verdadero servicio civil.

Un Voto que Vale su Peso en Oro
Por supuesto, esta reducción del aparato estatal tiene una razón de fondo que va más allá de la pura eficiencia. Al liberar “recursos” mediante recortes de personal y presupuesto, la administración puede destinar estos fondos a programas sociales que se convierten en una especie de subsidio a la lealtad electoral. Cada reducción en personal de una oficina de gobierno implica una mayor asignación a los programas sociales dirigidos a ciertos grupos que —curiosamente— se han consolidado como una base electoral clave para el partido en el poder.

Esta estrategia parece un golpe maestro de ingeniería política: mientras menos trabajadores haya en las oficinas de gobierno, más fácil será desviar fondos hacia aquellos programas que mantienen contentos a ciertos sectores del electorado. Así, bajo el disfraz de la austeridad y la eficiencia, se esconde un claro propósito político, en el cual el gobierno ya no actúa como un servicio a la ciudadanía, sino como un mecanismo para asegurar votos mediante “ayudas”.

El Tremendismo Austericida como Legado
La ironía final radica en que la Cuarta Transformación, bajo la mano de López Obrador y su sucesora Sheinbaum, parece haber instaurado un nuevo tipo de “tremendismo” burocrático. Se nos ofrece la promesa de un sistema más “austero” y eficiente, pero lo que realmente se nos da es una administración raquítica, incapaz de responder a las necesidades básicas de la ciudadanía. Lo que se ha logrado, en cambio, es un sistema diseñado para consolidar el poder mediante el clientelismo electoral, una maquinaria política disfrazada de reformas burocráticas.

El tremendo éxito de esta estrategia, en términos de consolidación de poder, no debería hacernos olvidar que su impacto es profundamente negativo para quienes dependemos de un Estado funcional. Lo que en realidad ha cambiado es la naturaleza del gobierno: ya no sirve como un pilar de apoyo para la ciudadanía, sino como una herramienta de control, disfrazada de austeridad y eficiencia, pero con un propósito evidente de manipulación política.

Bibliografía
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Martínez, S. (2019). Austeridad y política en la 4T: Un análisis crítico. Ciudad de México: Grijalbo.
Casillas, P. (2021). La Cuarta Transformación y el colapso del servicio público: Crónicas de un austericidio. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.
Reyes, G. (2023). Reforma burocrática en México: Eficiencia o control electoral? Ciudad de México: Penguin Random House.

