Los Feos: Una Distopía Superficial y Absurda

«Los feos», tanto en su novela como en su adaptación de Netflix, intenta ser una crítica a los estándares de belleza impuestos por la sociedad, pero termina siendo un ejercicio torpe y superficial que falla en entender las verdaderas raíces de los conflictos humanos. En su afán por construir una distopía atractiva para el público adolescente, olvida que los problemas sociales y las guerras no se libran por narices grandes o dientes torcidos, sino por el poder, el control y los recursos.

Belleza: Una excusa floja para ignorar la realidad

La premisa de «Los feos» plantea que una sociedad puede eliminar conflictos y desigualdades haciendo que todos sean «bellos». Esto no solo es ingenuo, sino intelectualmente insultante. La historia humana nos ha demostrado una y otra vez que los verdaderos motores de las guerras y las divisiones sociales son el poder, el dinero y los recursos. Desde la colonización hasta las guerras mundiales y las tensiones modernas, la búsqueda de dominio económico, acceso a recursos naturales y control geopolítico han sido las verdaderas fuerzas detrás de los grandes conflictos.

¿Realmente alguien cree que el genocidio, la explotación y la opresión desaparecerían si todos tuviéramos pómulos perfectos? Es una propuesta que minimiza las profundas complejidades de la condición humana, reduciéndola a un problema estético. Este simplismo no solo es ridículo, sino que convierte la distopía en una caricatura de lo que podría haber sido una crítica social seria.

Homogeneidad: La distopía que no impacta

La historia intenta argumentar que la homogeneidad es peligrosa, pero lo hace con una ejecución tan plana que su mensaje pierde toda fuerza. El simbolismo de las cirugías obligatorias y las orquídeas invasoras es tan obvio y poco sofisticado que se siente como una lección mal escrita de una clase de secundaria. Más que una distopía, «Los feos» se presenta como un panfleto genérico que confunde profundidad con dramatismo vacío.

Las orquídeas genéticamente modificadas, que invaden el ecosistema y destruyen todo a su paso, son otro intento de metáfora que fracasa. Supuestamente representan cómo la uniformidad elimina la diversidad, pero su inclusión en la trama parece un elemento forzado, casi cómico. A esto se suma la insinuación de que estas orquídeas y su proliferación están relacionadas con la explotación de hidrocarburos, un intento patético por conectar la distopía con preocupaciones ambientales reales. Pero, en lugar de ser un comentario relevante, se siente como un parche mal colocado para añadir gravedad a una narrativa que no tiene la más mínima idea de cómo sostenerla.

Una crítica que no se atreve a profundizar

«Los feos» tiene la oportunidad de abordar cuestiones relevantes, como la obsesión contemporánea con la imagen, la alienación causada por las redes sociales o incluso el impacto psicológico de los estándares de belleza en los jóvenes. Pero en lugar de profundizar en estas ideas, la historia se queda en la superficie, ofreciendo una narrativa simplista que subestima la inteligencia de su audiencia.

Lo más frustrante es que intenta venderse como una obra crítica y reflexiva, cuando en realidad su visión del mundo es tan superficial como los estándares que intenta criticar. Reducir los conflictos humanos a diferencias estéticas no solo es erróneo, es peligroso, porque desvía la atención de las verdaderas raíces de la desigualdad y la opresión.

Conclusión: La fealdad de una idea mal ejecutada

«Los feos» no es solo una distopía fallida; es un reflejo de una narrativa perezosa que confunde «mensaje» con «profundidad». En su intento por ser relevante, se queda corta en todos los aspectos, ofreciendo un análisis torpe de problemas complejos que requieren mucho más que un bisturí para resolverse.

Las guerras no se libran por estándares de belleza, la destrucción ecológica no se combate con simbolismos mal pensados sobre orquídeas, y la humanidad no será salvada con cirugías. «Los feos» es un recordatorio de que una buena idea, mal ejecutada, puede convertirse en algo más feo que cualquier imperfección física: una obra sin alma, ni relevancia, ni impacto.

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