Azúcar: Dulce Placer

No te va a matar (si no te lo inyectas en las venas, claro)

Hablemos del azúcar. Sí, esa cosita blanca que todos aman odiar. Últimamente parece que si comes una cucharadita te vas a convertir en un ogro con diabetes tipo 20. Pero a ver, respiremos. No todo lo dulce es el diablo en forma de cristales. De hecho, si usamos la cabeza —y no solo el estómago—, resulta que el azúcar tiene varios beneficios… si no te comportas como un niño en piñata.

Primero lo obvio: energía. Tu cuerpo ama la glucosa. La necesita. Y cuando haces ejercicio o usas tu cerebro para algo más que ver TikTok, el azúcar entra como héroe de película de acción. ¿No me crees? Pregúntale a los atletas que beben bebidas con carbohidratos mientras corren ultramaratones (Jeukendrup, 2004). ¿Tú podrías correr 10 metros sin desmayarte? Bueno, ellos corren 100 km gracias a la glucosa. Punto para el azúcar.

Y no solo los músculos, el cerebro también se pone feliz. Estudios (de verdad, no inventados) muestran que un poco de azúcar mejora la memoria, la concentración y hasta el humor (Messier, 2004; Benton, 2002). Así que sí, tal vez ese antojo de chocolate antes de un examen no sea puro drama, sino biología básica. A veces una galleta hace más por tu productividad que diez meditaciones y un podcast de autoayuda.

También está el asunto hormonal. Un poco de azúcar puede estimular la liberación de dopamina y serotonina, esos mensajeros químicos que te hacen sentir como si todo estuviera bien, aunque tengas tareas atrasadas, cero ganas de socializar y tu jefe respire fuerte cerca de ti. Una cucharadita no lo arregla todo, pero a veces ayuda más que gritarle a una almohada.

Ahora, lo emocional. Porque a ver, ¿quién no ha curado un corazón roto con helado? ¿O celebrado un cumple sin pastel? El azúcar tiene un poder social que ni Freud explicaría sin un postre en la mano. Estudios indican que, en ambientes escolares, un pequeño estímulo dulce mejora la cooperación. O sea, menos caos infantil si hay una gomita de por medio (Schiffman et al., 1995). Y si funciona con niños, con adultos amargados ni se diga.

Y no olvidemos el contexto cultural. Desde la miel en rituales antiguos hasta el flan de la abuela, el azúcar forma parte de nuestra historia y nuestras emociones. No es solo un nutriente, es un lenguaje: decimos «te quiero» con galletas y «perdón» con brownies. Suena cursi, pero el azúcar también comunica. No todo en la vida es proteína magra y hojas verdes.

¿El problema? El exceso, duh. Comer azúcar como si fuera oxígeno claro que hace daño. Pero eso no es culpa del azúcar, es culpa de tus decisiones. Igual que con el alcohol, el celular o enamorarte de tu ex por cuarta vez: el problema no es el objeto, es el uso que le das. La OMS recomienda menos del 10% de tus calorías en azúcar añadida. ¿Eso significa prohibición? No. Significa tener control, algo que a veces olvidamos entre la ansiedad y el antojo.

Y no, no es obligatorio ser mártir para estar “sano”. Dejar el azúcar completamente puede ser tan absurdo como eliminar la risa para evitar arrugas. En vez de temerle, aprendamos a convivir con ella. Un poco de pastel, un dulce ocasional, no arruinan tu vida. Lo que la arruina es hacerle más caso al algoritmo de miedo que a tu sentido común.

Así que, por favor, dejemos de tratar al azúcar como si fuera Voldemort. No es magia negra, es química simple. Te da energía, te alegra el día y —usada con cabeza— no te va a matar. Demonizarla solo sirve para que terminemos comiendo cinco brownies escondidos en el baño, con culpa y sin placer. Disfrútala. No te la bebas en galones. Pero tampoco te castigues por querer un chocolate.


Bibliografía:

  • Benton, D. (2002). Carbohydrate ingestion, blood glucose and mood. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 26(3), 293–308.
  • Ivy, J. L. (2001). Dietary strategies to promote glycogen synthesis after exercise. Canadian Journal of Applied Physiology, 26(S1), S236-S245.
  • Jeukendrup, A. E. (2004). Carbohydrate intake during exercise and performance. Nutrition, 20(7–8), 669–677.
  • Messier, C. (2004). Glucose improvement of memory: a review. European Journal of Pharmacology, 490(1-3), 33–57.
  • Schiffman, S. S., et al. (1995). The effect of sweeteners on mood and behavior. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 19(2), 371–379.
  • World Health Organization. (2015). Guideline: Sugars intake for adults and children. Geneva: WHO.

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