Quentin Tarantino: La Gloriosa Necedad y el Ego Descomunal del «Genio» del Cine

Ah, Quentin Tarantino. El cineasta que no solo ha revolucionado el séptimo arte, sino también el arte de hablar de sí mismo. Porque si hay algo que Tarantino domina, además de filmar tiroteos estilizados y diálogos absurdamente largos, es su habilidad para recordarnos a todos lo brillante que es. Sí, el hombre ha hecho algunas de las películas más icónicas de las últimas décadas, pero también parece tener un talento inigualable para autoproclamarse como el salvador del cine contemporáneo. Y, por supuesto, todo eso viene acompañado de una buena dosis de necedad, porque, bueno, ¿quién necesita críticas cuando ya eres un «genio»?

La Obsesión con los Pies: Solo una Casualidad

Primero, hablemos de los pies. Sí, los pies. Para Tarantino, los pies no son solo parte de la anatomía humana; son un motivo recurrente en su obra maestra (y, claro, todos sus trabajos son obras maestras, según él). Desde los desnudos dedos de Uma Thurman en Kill Bill hasta los de Margot Robbie en Once Upon a Time in Hollywood, los pies son como su musa secreta. Pero, espera, no es lo que piensas. Según el propio Quentin, no se trata de un fetiche, ¡qué va! Es solo una «decisión artística». Claro, porque es absolutamente lógico que la narrativa de una película dependa de cuántas veces podemos ver a un personaje caminando descalzo. Definitivamente una «decisión artística» muy profunda y no algo personal, para nada.

El hecho de que Tarantino se moleste cada vez que se le menciona su obsesión por los pies es casi tan gracioso como sus diálogos irónicamente ingeniosos. Pero oye, si Quentin dice que no es fetichismo, es porque no lo es. ¿Quiénes somos nosotros, simples mortales, para cuestionar a un genio?

El Genio Autoproclamado (Porque Si No lo Dice Él, ¿Quién Más?)

Ah, y luego está su tendencia a compararse con los grandes del cine. Hitchcock, Kubrick, Welles… Tarantino ha dejado claro en más de una ocasión que, cuando se habla de visionarios, él ya está cómodamente sentado a la mesa de los dioses cinematográficos. ¡Pero no te preocupes! Esto no es arrogancia, claro que no. Es simple y pura «confianza en uno mismo». Si Tarantino dice que su próxima película va a ser una obra maestra antes de que siquiera empiece a filmar, ¿por qué dudarlo? Después de todo, cuando un hombre con su nivel de ego te asegura que es el mejor, no puedes hacer otra cosa que asentir y aplaudir, ¿verdad?

Y ni hablar de cómo maneja las críticas. Cuando la familia de Bruce Lee y varios fanáticos protestaron por la caricaturesca representación del maestro de artes marciales en Once Upon a Time in Hollywood, Tarantino básicamente respondió: «Bueno, es mi película, así que hago lo que quiero». Lo cual, en retrospectiva, tiene todo el sentido del mundo. Cuando eres Quentin Tarantino, la realidad no importa tanto como tu versión de la realidad.

El Ego Como Forma de Arte

Quizá lo más fascinante de Tarantino no sea su cine, sino su capacidad para convertir su ego en un arte por derecho propio. En lugar de dejar que la historia o la crítica se encargue de definir su legado, él mismo ha decidido que diez películas es suficiente. Así es, diez. Ni una más, ni una menos. Porque claro, todo buen genio sabe exactamente cuándo dejar su trabajo «perfectamente empaquetado», y el número diez parece ser el punto dulce para asegurarse de que los críticos nunca puedan decir que ha hecho algo más allá de su «magnum opus». ¿Es esto parte de su visión artística o simplemente otro intento de controlar su mito personal? ¡A quién le importa! Quentin ya lo ha decidido, y eso es lo único que cuenta.

Y si estás esperando que Tarantino muestre alguna vez un destello de humildad, mejor siéntate cómodo. Este es el hombre que, tras ganar un Oscar por Pulp Fiction, dio un discurso de aceptación en el que básicamente se felicitaba a sí mismo. Porque, claro, ¿quién más podría hacerlo mejor? Tal vez un día, cuando Tarantino se retire (si es que lo hace, porque quién puede resistir a alguien que constantemente se llama a sí mismo «uno de los mejores»), todos podamos mirar atrás y preguntarnos si su verdadero legado fue su cine… o su ego.

Tarantino: El Genio que el Cine No Sabía que Necesitaba (Pero Que Él Estaba Seguro que Sí)

En resumen, la necedad de Quentin Tarantino no es un defecto; es una característica distintiva, casi una marca registrada. No es solo que Tarantino piense que es un genio; es que está convencido de que es el único genio. Y claro, mientras siga filmando pies descalzos y diálogos de veinte minutos que no llevan a ninguna parte, nosotros seguiremos aquí, contemplando su «arte» y preguntándonos qué fue primero: ¿el cineasta o el ego descomunal?

Pero bueno, al final del día, si hay algo en lo que Tarantino tiene razón, es en que su cine seguirá siendo discutido. ¿Será por su brillantez técnica o porque nos quedamos boquiabiertos ante el tamaño de su ego? Quién sabe. Lo importante es que, si le preguntas a él, ya sabes la respuesta: genio, sin lugar a dudas.

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