
🎮 No es solo un juego 2D: Kakele y la vida que dejé en el otro lado de la pantalla
Cuando uno escucha “MMORPG 2D”, la imagen que salta a la cabeza no suele ser muy gloriosa: gráficos simples, sprites diminutos, y un entorno que bien podría haber salido de una libreta cuadriculada. Pero lo que no se ve —lo que no carga el motor gráfico ni el servidor— es lo que realmente importa.
Me retiré de Kakele hace poco. No por falta de ganas ni de misiones por hacer, sino por algo mucho más humano: una crisis depresiva, cortesía de mi Trastorno Afectivo Bipolar tipo 2 (ese DLC de la vida que nadie pidió, pero que llega sin previo aviso). Y dejar el juego no fue apagar el PC o desinstalar el juego de mi teléfono y ya. Fue cerrar la puerta a algo que, paradójicamente, se sentía más vivo que muchas cosas «reales».
Porque sí: en Kakele encontré amistades que nunca tuve en la vida real. Compañeros de gremio que me esperaban a las 3 a. m. para farmear juntos o matar algún boss, que se sabían mi nombre, mis manías, y hasta cuándo estaba en un episodio bajo aunque fingiera que todo iba bien con un simple “holi <3” en el chat general. No eran NPCs. Eran personas. Y aunque la interfaz dijera “KinaMortalMx”, yo sabía que detrás había alguien que también necesitaba hablar, reír, pertenecer.
Hay un documental en Netflix —uno sobre un chico que jugaba World of Warcraft— que me hizo sentir menos sola. Porque él también entendía esa magia absurda pero poderosa de hacer comunidad entre píxeles. Esa extraña alquimia donde unos avatars 2D se convierten en tu gente. Gente que te dice “te cuidas, ¿sí?”, aunque esté en otro continente. Gente que te llama por tu apodo de juego, pero sabe más de ti que algunos que te llaman por tu nombre real.
Y es que —aunque suene cursi y un poco ridículo— creo que todos dejamos huellas en la vida de alguien, aunque sea desde un rincón digital, con una espada pixelada y una skin rosa de unicornio. No se necesita carne y hueso para marcar a alguien. Basta con estar ahí. Con ser ese nick que responde cuando todos los demás están ocupados.
Hoy me alejo. Tal vez vuelva, tal vez no. Pero si alguna vez viste a una exploradora de ojos brillantes y nombre tonto correteando por el Bosque de Jarathorn, sepas que esa era yo. Y que detrás de esa varita rara +9 había alguien que, por un rato, se sintió menos sola gracias a ti.
Gracias por los buff, los memes, las aventuras y las 152 veces que morí en las cuevas de trolls, calcinada por dragones blancos o aplastada de un hit por una hydra enfurecida.
Gracias por estar, aunque haya sido a través de un juego “2D”.
Y si alguna vez vuelvo, no será solo para subir de nivel o explorar todos los rincones leyendo todos los libros posibles para saber más del lore. Será para volver a sentir eso que ningún psicólogo ha sabido describir del todo: la risa compartida con desconocidos que se vuelven hogar.
—Ro

