Todos tienen un sueño o un deseo que jamás se hará realidad, y vivirán el resto de sus vidas engañando a sus propios corazones.
Yo te encuentro en todos los sueños.
A veces tarde. A veces borrosa. A veces usando otra forma. Pero siempre estás ahí. Siempre vuelves a mí.
Y entonces vuelvo a recordar la manera en que los vestidos bailaban contigo cuando dabas vueltas sola por la habitación, caminando en puntas, dando pequeños brincos torpes sólo porque por un instante podías sentirte viva.
Ya casi no puedo recordar tu sonrisa.
Siento que cada día la voy olvidando un poco más, y hay algo insoportable en eso. Como verla morir otra vez. Y otra. Y otra.
Perdóname.
Hay noches en las que me duermo llorando, deseando con todas mis fuerzas volver atrás sólo para tomar tu mano y jamás volver a soltarte.
Pero ya es demasiado tarde para eso.
Todo resulta muy cruel.
Porque a veces todavía creo verte en el reflejo de algún aparador, detrás de un vestido bonito, escondida entre perfumes dulces o junto a cosas lindas.
Y entonces algo me vacía el pecho entero.
Me siento culpable.
Me odio tanto.
Amaba la manera en que amabas las cosas lindas. Como si durante unos minutos el mundo hubiera sido hecho para ti.
Autor: Roberto González Rivera

